Mogwai: Happy songs for happy people

Portada de Happy songs for happy people Me es difícil tratar de comentar algo sobre Happy songs for happy people… quizás porque, en parte, cada vez que lo escucho es como si lo escuchara por primera vez, tal vez porque siempre me ha parecido una cuestión muy extraña (pero que a la vez logra crear un aura extrañamente familiar), o acaso porque el sonido que Mogwai logra crear en él parece un experimento continuo que mueve tanto al análisis como a la emoción.

Cualquiera sea la causa, hay cosas que de todos modos es importante decir sobre este disco: en primer lugar, si no lo has escuchado, hazlo; en segundo lugar, si ya lo has escuchado, hazlo de nuevo. En verdad, es así de bueno.

Para dar algunas (siempre necesarias y/o útiles) referencias, habría que ubicar a Mogwai en el espectro del post-rock, cercano a referentes como Sigur Rós o Explosions in the sky, aunque la verdad es que si conoces a alguna de estas bandas, lo más probable es que ya hayas escuchado algo de Mogwai.

El disco es puramente instrumental, y aunque la música es creada fundamentalmente con instrumentos típicos del rock, rompe todas las estructuras de ritmos y armonías tradicionalmente propias del género. Mogwai logra crear texturas suaves y melodías bellísimas, sobre bases que incluso en sus momentos más ásperos resultan tranquilizantes. Pero no hay que equivocarse: no se trata de música de relajación, new age ni nada por el estilo; me atrevería a decir que ni siquiera es música apropiada para tener de fondo mientras haces otra cosa, sino todo lo contrario, ya que sólo puede ser apreciada si realmente logras concentrarte aunque sea un minuto en su devenir, y aunque a veces eso cuesta, el “esfuerzo” vale la pena.